CREANDO ANCLAS DE APOYO

por JMMartin Correo electrónico

By: jmmartin

Recientemente en una de mis conferencias sobre Inteligencia Emocional, se plateo un taller en el que se intentaba trabajar los tres conceptos claves de la Inteligencia Intrapersonal.

A fin de poner en situación a los asistentes, se proyectó un video que mezclaba música situacionalmente elegida para conseguir el efecto deseado con escenas acordes al taller que queríamos desarrollar.

Continuación:

Las personas asistentes participaron, entonces, en una sesión en la que se intentaba, básicamente, trabajar el auto conocimiento y la auto regulación, ya que buscar en el “armario de los recuerdos perdidos”, como consecuencia de un estímulo provocado, nos permitía poner en funcionamiento nuestra memoria emocional.

Una vez terminado el ejercicio, una persona de las asistentes planteo la siguiente cuestión:

¿No te ocurre a veces, que escuchando un tema musical o incluso viviendo una situación emocionalmente gratificante, te ha traído recuerdos emocionales gratificantes?

Añadió a continuación “Que recuerdos me ha traído este video”, Disfrutándolo he vuelto a experimentar emociones parecidas a las de otros momentos no lejanos de mi vida, que para mí fueron muy especiales.

¿No te has parado a pensar, por qué ocurre eso?

Cuando la mente busca recordar una situación…, escudriña información en el “almacén de los recuerdos perdidos”, intentando localizar referencias sensoriales que después interpretara.

Si deseamos, por ejemplo, recordar el momento en que conocimos a nuestro primer hijo; si intentamos recordar las sensaciones que vivimos; los sentimientos que tuvimos, nuestra mente accederá al “almacén de esos recuerdos perdidos”, a fin de recuperar lo que experimentamos con nuestros cinco sentidos

Pero para recordar una emoción, para sentir una emoción, la mejor manera de hacerlo será volviendo a sentirla de nuevo. No obstante, es necesario recordar que las emociones son intangibles, no tienen forma, carecen de color, de sabor, incluso no se pueden tocar, ni escuchar ni oler. Cuando experimentamos una o varias emociones, nuestra mente las “etiqueta” con referencias sensoriales antes de guardarlas en el almacén de esos “recuerdos perdidos”, de tal forma que si intentas recordar cómo es la felicidad, el amor, la culpabilidad, incluso la motivación, automáticamente vendrán a tu mente recuerdos fugaces de imágenes, sonidos, sabores, etc. de situaciones pasadas a las que tienes asociadas estas emociones.

Volviendo al ejemplo inicial de la canción e imágenes emitidas al grupo de asistentes, a fin de crear el clima adecuado y conseguir que vivieran determinadas emociones, para después compararlas con otras situaciones vividas anteriormente y que les produjeron esas mismas emociones, imaginemos que tuviésemos un mp4 o un reproductor musical, que nos permitiera en todo momento tener a nuestra disposición una música que, una vez escuchada, nos trasladara a situaciones gratificantes vividas anteriormente y en las que las emociones fueron felices y motivadoras

¿Qué ocurriría si nos encontramos en un momento emocional bajo, en el que nos encontramos tristes y frustrados y que en ese momento pudiera sonar esas melodías que tenemos asociadas a esos momentos felices y motivadoras? Lógicamente esas melodías actuarían como una especie de interruptor emocional, activando en nuestra mente recuerdos fugaces de imágenes, sonidos, y otras referencias sensoriales asociadas a las emociones que sentimos en aquellas experiencias felices y motivadoras. Con bastante seguridad volveríamos a sentir de nuevo esas emociones positivas, cambiando rápidamente nuestras emociones, incluso nuestro estado emocional, de acuerdo a los que dichas emociones nos generen.

Estos interruptores emocionales, es lo que habitualmente definimos como hábitos, y en concreto en otras disciplinas como “anclas”; interruptores que se conectan de forma inconsciente, escapando por tanto a nuestro control.

Estos hábitos o anclas, si nos son favorables, deben ser mantenidos, pero en caso contrario podemos cambiarlos mediante procesos de reeducación de forma consciente, y voluntaria

Cuando nos encontramos en estados emocionales de baja intensidad, es aconsejable, en consecuencia, disponer de hábitos o anclas, que actuando, de forma inconsciente, conecten nuestros interruptores emocionales, generando emociones fuertes, pero de sentido contrario, y que nos trasladen a situaciones emocionales gratificantes

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